SEGÚN ALGUNO DE LOS SOBRINOS.
Recuerdo que nos visitó tío Armando, después de saltearse una semana. Solía visitarnos todos los jueves.
Empezó a contar la razón de su faltazo mientras mamá terminaba de preparar el mate. Como siempre, el relato venía para largo.
Empezó a contar la razón de su faltazo mientras mamá terminaba de preparar el mate. Como siempre, el relato venía para largo.
El tío sonreía cada vez que algo lo ponía nervioso. Tartamudeaba cuando algo lo enojaba y se reía a los gritos pelados cada vez que podía. Era el tipo ideal para relatar anécdotas, cuentos o chistes a audiencias de entendedera difícil como éramos nosotros de chicos, ya que contaba cinco o seis veces el final. El problema era que si aún así no entendías la broma te sentías bobo cinco o seis veces.
Esta vez Armando sonreía, tartamudeaba, pero le costaba un poco reírse.
Se había enterado el martes de la semana anterior de que el jueves tenía una reunión del ministerio y no iba a poder visitarnos.
Decidió entonces pasar por casa sin avisar porque Entel era una mierda y lo poníadel tomate discar de balde.
No estábamos, así que nos esperó en la esquina como varias veces había hecho.
-Voy a tener que cambiar de esquina porque me cagó una paloma en el zapato-dijo- Yo puteaba por el zapato sucio y me imaginaba cómo me iban a cargar ustedes, hasta que llegaron unos canas de civil y me llevaron por sospechoso. El pajarito me cagó el zapato y yo me cagué todo cuando vi llegar a la policía .
Ahí era cuando el tío se reía a los gritos y repetía la frase tres o cuatro veces.
-Le mostré al tipo el documento y me lo guardé en el bolsillo. En la puerta de la 39, antes de hacerme bajar del auto me dijo que se lo volviese a dar, que la libreta de enrolamiento se la quedaba él. Amagué negarme, me pegó un cachetazo cortito de revés y le dí la libreta velozmente. Resultaste ser boludo, me dijo, y tenía razón.
Recuerdo que nos contó que había varios detenidos, algunos muy asustados, y que se los iban llevando de a uno por un pasillo hacia el fondo. Que comentaban entre los canas que a él lo habían levantado por una llamada de algún vecino que lo vio sospechoso, pero que claramente era un perejil.
A mamá no le causaba gracia que escuchásemos lo que se venía, pero no había forma de callar o modular al tío.
Contó que habían dejado su bolsita sobre el escritorio y que se iban comiendo nuestros chocolates.
Lo dejaron sentado en un banco largo de madera, apoyado contra la pared toda la noche. Había quedado a cuidado de un policía muy joven que escribía todo el tiempo a máquina, a velocidad sorprendente con dos dedos.
Cada tanto un cana se acercaba y preguntaba si había que " llevarlo al fondo"
- No, dejalo ahí que es un perejil-contestaba el taquígrafo federal.
Después de unas horas, ya de madrugada, charlaron un rato.
-¿Este banco es sólo para perejiles como yo?-dijo Armando que le preguntó .
-El perejil zafa de ir al pozo- le contestó - así que siga con cara de perejil que ese asiento es lo mejor que le puede pasar.
El tío era de hablar con todo el mundo y te hacía entrar en confianza en seguida.
El cana le había contado sin dar detalles que en el pozo se la pasaba muy mal.
- y no solamente los detenidos.
Tan mal que los últimos tiempos habían tenido que llevar gente de afuera a laburar ahí.
-La otra noche un suboficial murió mientras trabajaba allá atrás, y eso que no era ningún bebé de teta. Le dio el bobazo, pero yocreo que igual iba derecho al corchazo. No aguantaba más.
Indignado, el tío nos decía que el atorrante había querido convencerlo de que torturar es un trabajo ingrato..
Lo largaron de la comisaría cuando amanecía. Dijo que quedó con el culo chato y que su psoriasis le picaba más que nunca. Que igual fue directo al trabajo para no quedarse solo en su casa y no perder el presentismo .
Por suerte de paso al ministerio pudo hacerse lustrar los zapatos en Avenida de Mayo.
Se había enterado el martes de la semana anterior de que el jueves tenía una reunión del ministerio y no iba a poder visitarnos.
Decidió entonces pasar por casa sin avisar porque Entel era una mierda y lo poníadel tomate discar de balde.
No estábamos, así que nos esperó en la esquina como varias veces había hecho.
-Voy a tener que cambiar de esquina porque me cagó una paloma en el zapato-dijo- Yo puteaba por el zapato sucio y me imaginaba cómo me iban a cargar ustedes, hasta que llegaron unos canas de civil y me llevaron por sospechoso. El pajarito me cagó el zapato y yo me cagué todo cuando vi llegar a la policía .
Ahí era cuando el tío se reía a los gritos y repetía la frase tres o cuatro veces.
-Le mostré al tipo el documento y me lo guardé en el bolsillo. En la puerta de la 39, antes de hacerme bajar del auto me dijo que se lo volviese a dar, que la libreta de enrolamiento se la quedaba él. Amagué negarme, me pegó un cachetazo cortito de revés y le dí la libreta velozmente. Resultaste ser boludo, me dijo, y tenía razón.
Recuerdo que nos contó que había varios detenidos, algunos muy asustados, y que se los iban llevando de a uno por un pasillo hacia el fondo. Que comentaban entre los canas que a él lo habían levantado por una llamada de algún vecino que lo vio sospechoso, pero que claramente era un perejil.
A mamá no le causaba gracia que escuchásemos lo que se venía, pero no había forma de callar o modular al tío.
Contó que habían dejado su bolsita sobre el escritorio y que se iban comiendo nuestros chocolates.
Lo dejaron sentado en un banco largo de madera, apoyado contra la pared toda la noche. Había quedado a cuidado de un policía muy joven que escribía todo el tiempo a máquina, a velocidad sorprendente con dos dedos.
Cada tanto un cana se acercaba y preguntaba si había que " llevarlo al fondo"
- No, dejalo ahí que es un perejil-contestaba el taquígrafo federal.
Después de unas horas, ya de madrugada, charlaron un rato.
-¿Este banco es sólo para perejiles como yo?-dijo Armando que le preguntó .
-El perejil zafa de ir al pozo- le contestó - así que siga con cara de perejil que ese asiento es lo mejor que le puede pasar.
El tío era de hablar con todo el mundo y te hacía entrar en confianza en seguida.
El cana le había contado sin dar detalles que en el pozo se la pasaba muy mal.
- y no solamente los detenidos.
Tan mal que los últimos tiempos habían tenido que llevar gente de afuera a laburar ahí.
-La otra noche un suboficial murió mientras trabajaba allá atrás, y eso que no era ningún bebé de teta. Le dio el bobazo, pero yocreo que igual iba derecho al corchazo. No aguantaba más.
Indignado, el tío nos decía que el atorrante había querido convencerlo de que torturar es un trabajo ingrato..
Lo largaron de la comisaría cuando amanecía. Dijo que quedó con el culo chato y que su psoriasis le picaba más que nunca. Que igual fue directo al trabajo para no quedarse solo en su casa y no perder el presentismo .
Por suerte de paso al ministerio pudo hacerse lustrar los zapatos en Avenida de Mayo.
SEGÚN ARMANDO.
Casi me olvido del cumpleaños de Tota.
Es el jueves, así que no podría venir a lo de Rosita como todas las semanas. Me avivé esta tarde y decidí venirme.
Lástima que los teléfonos andan para el cuerno y no pude avisar.
No están en casa y ya es de noche, así que supongo que volverán pronto. Espero un rato.
No están en casa y ya es de noche, así que supongo que volverán pronto. Espero un rato.
Ya tengo comprados los chocolates.
No será la primera vez que les caigo de sorpresa. Cuando los chicos eran más chiquitos siempre miraban a esta esquina al volver a la casa, por si estaba yo esperando con la bolsita en la mano. Como si los visitase una bolsa de chocolates que iba pegada a una mano que tenía pegado un tío.
No es mi día.
Mientras espero me caga un pájaro en el zapato. Justo a mí. Lo que se van a reír los sobrinos, que me cargan siempre con lo hincha pelotas que soy con el brillo de los zapatos. Trabajo todo el fin de semana al aire libre y el calzado brilla como recién lustrado. Hoy, un ratito bajo un árbol y ya lo tengo cagado.
Mientras espero me caga un pájaro en el zapato. Justo a mí. Lo que se van a reír los sobrinos, que me cargan siempre con lo hincha pelotas que soy con el brillo de los zapatos. Trabajo todo el fin de semana al aire libre y el calzado brilla como recién lustrado. Hoy, un ratito bajo un árbol y ya lo tengo cagado.
No es mi día y pareciera que vine al pedo.¿Qué más ?
Para un auto con tres tipos.
Baja uno con cara de cana.
Me pide el documento. Dice "por favor" pero no es amable.
SEGÚN MATILDE
El tipo esta ahí, en lo oscuro, como apoyado en el árbol, casi en la esquina.
El tipo esta ahí, en lo oscuro, como apoyado en el árbol, casi en la esquina.
Quieto, con el frío que hace. Sin fumar, como para que nadie lo vea. Hoy día si un tipo es hombre y tiene que esperar, por lo menos fuma. Por suerte vivo al frente y desde mi ventana se ve todo. Con tanta cosa que viene pasando hay que cuidarse, prestar atención y estar atenta a la vereda.
De Ruben me quedó la costumbre de desconfiar y tratar de averiguar las intenciones de la gente. Me quedó también este sillón que ahora usa el gato.
Le hablo al gato y me mira con la misma cara de boludo con que me miraba el Ruben las pocas veces que me miraba.
Le hablo al gato y me mira con la misma cara de boludo con que me miraba el Ruben las pocas veces que me miraba.
Este tipo de afuera debe estar en algo raro, si no no se quedaría tan quieto en lo oscuro, sin fumar y al lado del árbol. Cada tanto se repasa los zapatos con el pañuelo. ¿Quién necesita abrillantar los zapatos a cada rato y en la oscuridad? Me fijé bien que no sea uno de los hijos del ferretero, que son chorros pero supongo que no van a venir a afanar acá.
Cara de zurdito de los que hacen quilombo no tiene, pero si todos tuvieran cara de ser de la guerrilla no podrían secuestrar a nadie ni poner bombas ni repartir panfletos a los estudiantes. Otra vez se pasa el trapito por el zapato. En otros tiempos si llamaba un martes de noche al comando, se aparecía el Ruben con la patrulla.
El gato ya no me mira. En ese sillón se sentaba el quía con el Legui. Cuando empezaba a tomar no me daba ni pelota. Después de un rato se ponía inquieto y arrancaba con el "qué me mirás" y no paraba hasta el sopapo. Al principio me defendía, después solamente le preguntaba por qué o le lloraba. Un día que me escapé y me escondí,cuando me encontró me cagó a patadas en plena calle. Pensé que era una desgracia que me tratara así.
Hasta que algo pasó que el trabajo lo empezó a joder.
-Se pone pesada la mano- me dijo. Y lo sacaron de la patrulla para que empiece a laburar en lo que llamaban el pozo. Nunca me quiso explicar bien, pero llegaba hecho mierda, se sentaba y chupaba callado y quieto.
Cuando dejó de pegarme me empecé a preocupar. No me tocaba ni me veía. Miraba el piso, se miraba las manos, se tapaba las orejas.
Una mañana se fue. “Me tenés los huevos llenos”, me dijo, se hizo el bolsito y salió. No sé dónde vive pero cada mes viene algún cana joven a traerme el sobre con plata.
Parece que todavía me quiere, qué se yo, le digo al gato que se lame la pata. Ahora que lo pienso, lleva un par de días de retraso. Ya va a venir el sobre.
Parece que todavía me quiere, qué se yo, le digo al gato que se lame la pata. Ahora que lo pienso, lleva un par de días de retraso. Ya va a venir el sobre.
El tipo de afuera sigue ahí parado. Ahora camina. Seguro está en algo. Hoy es martes, por ahí el Ruben sigue haciendo los martes de noche en el pozo.
Si llamo al comando y resulta un delincuente o un subversivo en una de esas se entera de que se lo mando yo .
Si llamo al comando y resulta un delincuente o un subversivo en una de esas se entera de que se lo mando yo .
-Ma sí, yo llamo. Le digo al gato que esta vez se las pica sin dar la más mínima bola .
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